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miércoles, 23 de junio de 2021

LARS OLIVER GAIL


EL ARTISTA QUE DEJÓ TATUAR SU CUERPO CON SU PROPIA OBRA

 


Oliver, un hombre valiente y libre.

Artista que utiliza su piel para esculpir su obra pictórica. 

Maridaje perfecto entre el cuerpo y el tatuaje.

Primitivo por su naturaleza.

Clásico por su escultura.

Renacentista por su culto al Hombre.

Brutal en sensibilidad, sensualidad, sexualidad y erotismo,

Pornografía ética y amoral.

Abrazo impúdico entre estética y libertad.

Erotismo creación y AMOR...

 

Pedro Taracena Gil

Periodista

 


DOLOR Y PLACER

 

Por Pedro Taracena Gil

Periodista

 Es la primera vez, como periodista que abordo este apasionante tema del tatuaje. Lugar donde convergen el dolor y el placer. En España el tatuaje en el pasado estaba reservado a pecho y brazos de los legionarios. Corazones ensangrentados, coronas de espinas o nombres de mujer, se asomaban detrás de los botones desabrochados adrede en los desfiles militares, para lucir el motivo grabado sobre su piel.

En la actualidad, es una moda muy popular, sin distinguir clase social, género o edad. Al ser una huella difícilmente reversible, es preciso constatar el convencimiento íntimo y personal, después de una reflexión de que estemos seguros de la decisión tomada.

Una vez tomada la decisión es preciso encontrar, no solamente al artista que lleve a cabo la grabación, sino que las condiciones sanitarias nos alejen de infecciones u otros riesgos no deseados.

He tenido la ocasión de contactar con alguna persona que me ha explicado el simbolismo de sus tatuajes. Desde las iniciales tomadas de las firmas autógrafos de los nombres de sus seres más queridos, hasta la simbología que le hacía recordar a su abuelo boxeador peso mosca.

Pocas partes del cuerpo humano se pueden encontrar libres de ser tatuadas. Según sea el tamaño de la parte a tatuar y que sea más o menos policromada, la duración de cada sesión y el número de las mismas será muy diferente.

Que las agujas que inyectan la tinta de cualquier color, producen dolor es innegable. Pero quizás sea la primera oportunidad de constatar de que es una intervención difícil de borrar. Y sobre todo de tomar la decisión de seguir o detenerse en el propósito de lucir un tatuaje sobre su piel. Es fácil de comprender que, al margen de la intención de la persona afectada, un cuerpo tatuado puede provocar emociones sensuales, sexuales o eróticas. Si bien en el proceso de ejecución el sujeto ha sufrido una auténtica pasión, en algunos momentos hasta cruenta, no se puede negar que una vez curado de la agresión sufrida en su cuerpo, la satisfacción, el gozo y el placer suponen una emoción de mayor duración. Hay partes tatuadas que pertenecen a la intimidad del tatuado, pero hay otras que cumplen una función exhibicionista sin alarma social.

Hablemos ahora del origen de los dibujos, letras o auténticos lienzos policromados. Hay quienes prestan su cuerpo para que el tatuador le grabe un dibujo realizado por ellos mismos. De cualquier forma, el tatuador al margen de las garantías sanitarias ha de ser un artista. Como poco un buen copista.




EL TORMENTO Y EL ÉXTSIS

 En el caso de LARS OLIVER GAIL, se trata de un artista, dibujante y pintor, que además de ser un creativo, presta su cuerpo al tatuador para que le plasme en su piel sus propios dibujos. Enamorado de su obra soporta el Calvario de montarla sobre su cuerpo, a base de punzadas de dolor, cual corona de espinas y pica de lanza. Pero después del tormento llega el éxtasis.

Desde mi atalaya personal, Oliver tiene un alto grado de autoestima y esto le lleva a saber sufrir y gozar conscientemente de su cuerpo. Un hombre enamorado de su obra y de sí mismo. Lo suficiente como para no caer de un narcisismo patológico y tampoco un exhibicionista inmoral. En la medida que él es el primer admirador de su cuerpo y de su obra, permitirá que los demás el admiren y le amen. No tiene la naturaleza de la víctima estéril, sino el perfil del deportista que se inmola para gozar de las mieles del triunfo, que no del éxito. La contemplación de un hombre desnudo tatuado con sus propias pinturas, supone un cántico a la libertad sexual, la alegría y el gozo; olvidando cual asceta los momentos padecidos.


La personalidad de este hombre es recia y resistente como su obra.

El arte que embriaga nuestros sentidos es sublime.

Provocador de emociones preñadas de humanismo.

Sexualidad que nos conduce a la mística más pura.

Libertad grabada a sangre y fuego.

 

Albergué muchos temores antes de emprender la crítica de su cuerpo convertido en su obra, porque: ¿Quién soy yo para calificar o clasificar las emociones, sensaciones, sentimientos o debilidades de un hombre libre?


Lars Oliver Gail

GALERÍA DE TATUAJES